El hormigón es uno de los materiales más utilizados en la construcción. Es duradero, resistente, fácil de elaborar y sirve prácticamente para todo en ese campo, pero su producción plantea importantes retos medioambientales. Entramos, de la mano del catedrático Fernando López Gayarre en el Laboratorio de Tecnología del Hormigón de la Universidad de Oviedo, donde se investiga cómo usar materiales reciclados para reducir ese impacto. López Gayarre es, además, desde principios de este año, el director de la Cátedra Cogersa de Economía Circular.
Pero antes, algunas cifras para poner contexto: por ejemplo, según los datos que aporta López Gayarre, que investiga en el grupo de investigación TESCAH (Tecnología y Sostenibilidad en la Construcción con Acero y Hormigón, Universidad de Oviedo), la producción hormigón anual en el mundo es de unos 14.000 millones de metros cúbicos al año… es decir, el equivalente a quince veces el monte Naranco de Oviedo. Eso, cada año.
Y de esa cifra, hasta el 80 % son áridos y el resto cemento, agua y aditivos, lo que sigue siendo una enorme cantidad de material virgen que se extrae de las 200.000 canteras que hay en el mundo. Así que el reto de es, literalmente, inmenso.
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